Honduras: Luchamos por todo o nos quedamos sin nada
Escrito por Ricardo Salgado   
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Honduras: Luchamos por todo o nos quedamos sin nada
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Ciertamente es complicado ser un hondureño pobre. Peor es ser pobre en resistencia, ya que a los males de siempre se une el riesgo permanente de caer victima de la feroz represión de los asesinos en el poder. Otra cosa es pertenecer a la oligarquía o a los súbditos que se desgañitan diciendo que este régimen “democrático” es lo mejor; en este grupo encontramos tanto a los ejecutores del golpe como a aquellos que lo acuerparon.

Los titulares de los diarios, noticieros y demás formas de divulgación apuestan a la “amnesia total”; el reloj se detuvo a las 5:40 de la mañana del 28 de junio; los muertos son una abstracción de la que nadie habla; la represión brutal sólo se percibe si se buscan evidencias; los asesinatos políticos selectivos suceden sin mucha bulla, no pasan de unas notas o citas periodísticas que nunca buscan investigar a fondo; eso le queda, convenientemente, a la policía.

Ya hace rato que el presidente Zelaya, es el presidente “depuesto”, “derrocado” y otros adjetivos que lo ubican en el pasado político de las mentes manipuladas por los medios. Al contrario, se incrementa la presión sobre el público diciéndole de mil formas que el golpe fue una bendición celestial y que el “transportista” es algo así como un emisario del bien.

Ahora todos hablan de reconciliación entre los hondureños. Hacen votos para que el nuevo gobierno “cure” las heridas, dejadas por la “crisis política”. Curioso como le cambian nombre a tantas cosas. ¿Cuáles son las heridas que quieren curar? Pues realmente lo que están haciendo es jugando a que el tiempo haga su trabajo en el consciente colectivo para que se acabe el peligro de ingobernabilidad.

El golpe en toda su magnitud, incluyendo las elecciones, son una ofensa de proporciones incalculables para el pueblo hondureño. Sus consecuencias nos perseguirán por mucho tiempo, si es que no hacemos algo ahora mismo por nuestro propio destino. Gran parte de nuestro pueblo siguió de lejos los eventos desde el golpe, confiando más en la eventual “normalización” que en la lucha por el bienestar colectivo; ese fenómeno ahora pende como una terrible maldición sobre nuestro porvenir.

Los motivos del golpe de Estado, por si alguien lo ha olvidado, son esencialmente económicos. Los demás intereses, incluidos los políticos, vienen derivados de ellos. Los delincuentes que propiciaron el golpe (no sus ejecutores), vieron como una amenaza demasiado cercana la posibilidad de que las mayorías populares tuvieran la opción de decidir sobre sus intereses.

También entran en juego los intereses económicos y estratégicos del imperio gringo, que busca controlar una zona que, bajo la correlación de fuerzas actual, puede, más temprano que tarde, ser de importancia capital para su propia subsistencia. Los yankis no han cesado ni un solo instante de luchar contra los intereses de los pueblos latinoamericanos siempre que les han sido adversos.

Seis meses después del artero ataque a la democracia nacional, llega la hora de pasar la factura al “flaco” Estado hondureño. Con el precio que debe pagar, sólo puede bajar más de peso, al límite de su existencia. Los ejecutores del cobro han alineado las piezas a lo largo de este tiempo en que nos “distraían” a garrotazos. El fin último de los pseudo empresarios es deshacerse de los controles que el Estado les impone.

Provoca conmoción ver como después de todo siguen argumentando que hay que generar condiciones “favorables” a la inversión; que nuestra competitividad radica en los magros salarios que se pagan; que las exportaciones de monocultivos son la vía hacia el desarrollo; que la mejor energía es de origen privado. Todas estas cosas ya las pusieron en práctica y no paso nada; la pregunta es ¿cómo podemos seguir creyendo estas mentiras después de tanto sufrimiento?

Las victimas más propicias de la nueva ola neoliberal en Honduras son las empresas de servicio público. La energía eléctrica se enfrenta a una inminente privatización total durante una crisis ficticia que ya se prepara. Por ahora han llevado a cabo una licitación pública de energía renovable a un precio mayor que el de la energía térmica que actualmente consumimos.

La mayoría de los involucrados en este maravilloso negocio son los mismos que han estado en medio de la generación de energía térmica. Es probable que la vida útil de su parque generador se aproxime a su fin y hayan decido que es tiempo de entrar por la vía de los recursos renovables. En este negocio están implicados prácticamente todos los sectores de poder económico en el país, incluidos los bancos, las importadoras de derivados del petróleo, las distribuidoras de equipo y mucho más.

Es impresionante darse cuenta que en la licitación se acepte que la Empresa Nacional de Energía Eléctrica compre la energía renovable por más de 30 millones de dólares anuales por encima de lo que paga por la energía térmica. ¿Quién en su sano juicio hace este tipo de concesión? Probablemente el asunto radica en que la ENEE absorverá los costos fijos y variables de le etapa de construcción; o se infla el precio para pagar los intereses de la banca. Es difícil decir.

Otra cosa dura es como la ENEE, que se encontraba en proceso de saneamiento financiero al momento del golpe, hoy haga concesiones a grandes compañías para que produzcan su propia energía, cuando estos son los mayores consumidores del servicio de esta empresa; además de ser los mayores deudores históricos.