| Alto índice de corrupción en Brasil |
| Escrito por Frei Betto | ||||
Página 1 de 2 ¿Por qué hay tanta corrupción en el Brasil? Tenemos leyes, sistema judicial, policías y medios de comunicación atentos. Sin embargo prevalece la impunidad, que es la madre de los corruptos. ¿Conoce usted el nombre de alguna persona brasileña corrupta? ¿fue procesada y está en la cárcel?El padre Vieira, en el sermón de homenaje a la fiesta de san Antonio, en 1654, preguntaba: "El efecto de la sal es impedir la corrupción, pero cuando la tierra se ve tan corrupta como está la nuestra, habiendo tantos en ella que tienen el oficio de ser sal, ¿cuál será, o cuál puede ser la causa de esta corrupción?" A su criterio había dos causas principales: la contradicción de quien debería salar y la incredulidad del pueblo ante tantos actos que no corresponden a las palabras. El corrupto se caracteriza por no admitirse como tal. Experto como es, actúa movido por la ambición de dinero. No es propiamente un ladrón. Antes bien, se trata de un refinado chantajista, de ésos de conversación delicada, sonrisa amable, ademanes gentiles. Anzuelo sin cebo, pez que no pica. El corrupto no se expone; extorsiona. Considera la comisión un derecho, el porcentaje un pago por servicios, el desvío una forma de apropiarse de lo que le pertenece, la segunda caja un privilegio electoral; y tontos los que hacen tráfico de influencias sin sacarle provecho. Hay muchos tipos de corruptos. El corrupto oficial se vale de la función pública para sacar provecho para sí, su familia y sus amigos. Cambia la placa del auto, lleva a su mujer de viaje con pasaje costeado por el erario público, usa tarjeta de crédito a pagar por el presupuesto estatal, hace gastos y obliga al contribuyente a pagarlos. Considera natural la sobrefacturación, la ausencia de licitación, la competencia con las cartas marcadas. La lógica del corrupto es corrupta: "Si yo no saco provecho, otro se aprovechará en mi lugar". Su único temor es ser cazado en flagrante delito. No se avergüenza de mirarse al espejo, apenas teme ver su nombre escrito en los periódicos. Confiado, jamás imagina a su hijita preguntarle: "Papá, ¿es verdad que tú eres corrupto?" El corrupto no tiene ningún escrúpulo en dar o recibir cajas de güisqui en Navidad, obsequios caros de los proveedores o facilitar vacaciones. Lo ablandan con regalos y así disminuyen los trámites burocráticos que atañen a los dineros para las obras públicas. Y está el corrupto privado. Nunca menciona cantidades, sólo insinúa, cauteloso. De ese modo se vuelve el rey de la metáfora. Nunca es directo. Habla con circunloquios, seguro de que el interlocutor sabrá leer entrelíneas.
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José Mariano González, de Guatemala, emprende en este texto la compleja e importante tarea de delinear lo que podría conformar una "propuesta política de salud mental", de utilidad para los movimientos populares y sociales en su afán de construcción de un mundo más justo. Inspirándose en la propuesta psicosocial de Ignacio Martín-Baró y la filosofía política de Helio Gallardo, González nos ofrece un importante insumo para la reflexión y el debate. Más... |