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Pensando en el aporte transversal de la obra de Ignacio Martín-Baró a las ciencias sociales Luis Gómez Ordóñez (1)
Abordar, es un verbo provisional para dimensionar el significado de Ignacio Martín Baró a la psicología social y a las ciencias sociales, ¿acaso la sociedad, ese desorden que se presenta ordenado no es objeto de los dos? Podría pensarse lo mismo del poder y la ideología puestos entre paréntesis con sus dinámicas de subordinación, la posibilidad de resistencia, emancipación y liberación, y comenzar el periplo viendo las grises postales de la pobreza matizada entre desigualdad y exclusión, las sangrantes venas de quienes ven derechos lacerados y las vejaciones del autoritarismo.La vigencia de una propuesta se puede sopesar en los contrastes de los problemas que abordó en su momento con la mirada retrospectiva de un pasado más allá de lo que fue, sino de lo que nos trajo por las lindes a veces imprecisas del aquí y el ahora pensando los problemas desde sus realidades concretas y cartografiándolos con respecto a una lectura de la totalidad del sistema o del (des)orden global que tan prolijamente se problematizó Martín-Baró nutriéndose de las discusiones de la filosofía y la teología de la liberación, e inclusive no deja de sentirse el eco de las críticas de la teoría de la dependencia en el plano sociológico y económico.
Por ejemplo cuando el autor aborda la pobreza, su correlato psicológico no es únicamente una invitación para tratar de comprender las formas de representación, significación y las formas de legitimación del empobrecimiento sino también en este ejercicio es posible apreciar una apuesta por reivindicar el clamor del sujeto ante la vorágine que lo convierte en un número, un dato estandarizado, de transitoria existencia ante formas de medición. Esta crítica precisa de un examen a la lógica misma de exclusión inherente a una propuesta de desarrollo que es capaz de proyectar crecimiento económico y reducción de los índices de pobreza aún con la desigualdad galopante (como consignan los datos del informe del Estado de la Nación de este año).
La vigencia de la lectura de este problema en concreto radica en una interpretación contextualizada de la situación y por otro lado en la posibilidad de pensar en una explicación desde propuestas como: la “muldimencionalidad de la pobreza” en Max- Neef (2005) (2), los procesos que producen pobreza en Oyen (2002), y la pobreza de capacidades en Sen (1992, 2000) y complementar su mirada con una lectura desde la psicología como por ejemplo de las redes semánticas de la pobreza en Albarrran y Helen (2007), que por una parte pone a conversar perspectivas diversas de la ciencia social con respecto a un fenómeno como la pobreza.
Por otra parte este problema no está desvinculado de las “doctrinas de seguridad nacional” que son manifestaciones en alguna medida de las formas de terrorismo económico y militar.
Desde luego las doctrinas de “seguridad nacional” que conoció Martín-Baró eran las de un Ronald Reagan y vasallos con una daltónica radiografía de un mundo separado por las dicotomías de capitalismo-comunismo en sus acepciones más tradicionales, las de nuestros días aunque parecen de colores pues así las pintan quienes ostentan el poder en los Estados, son tan uniformemente blancas, negras o rojizas –según donde posicione el color en las axiologías y en las mentes de las personas- como las realidades del Plan Colombia (I, II financiamiento e intervención disimulada), Plan Mérida, de la Guerra contra el narcotráfico (patrullaje e intervención por México y Centroamérica), o como la ilusión óptica de las Dictaduras de mercado (¿qué acaso los TLC´s no contienen apartados referentes a la seguridad esencial que justifica la intervención comercial en caso de amenazas al libre comercio en los países de Centroamérica como se ve en el capitulo 21, punto 2, inciso B del CAFTA?).
Estas licencias de intervención están claramente concatenadas con intereses económicos y acuerdos políticos que no distan substancialmente en su lógica de las dinámicas de dependencia de otrora, pues la cara más lamentable del terrorismo económico no es visible únicamente en la violencia castranse y autoritaria, sino en la persistencia de procesos que producen pobreza.
Un camino posible para comprender este enmarañado esquema de relaciones del ejemplo expuesto en los párrafos anteriores es hilvanando una psicología social propia, primero pensándola como forma de historia (con los olvidos y memorias de quienes han sido invisibilizados) y luego a nivel disciplinar apostar como apostó Martín-Baró (1996) por una psicología social que contribuya con los procesos de liberación histórica de los pueblos latinoamericanos inspirada en las corrientes de la praxis popular, ello consolidando la postura en movimiento, pensando en colectivo las articulaciones entre el sujeto y la sociedad con miras a transitar de la psicología social a la psicología política.
Lo cual demanda a nivel epistemológico y político una crítica a la indolencia del fatalismo que podría no ser “otra cosa que la interiorización de la dominación social” (Martín-Baró, 1998), pero que también se manifiesta en el escepticismo intelectual y en la asepsia científica.
El primero ha de distinguirse de las propuestas del pensamiento crítico, pues el escepticismo no demanda reflexión sobre su posicionamiento más que el de la tautología (o el razonamiento circular sobre un problema que parece irresoluble) y tampoco se piensa con miras a proponer una alternativa, y es claro que la psicología de la liberación en la obra de Martín-Baró sí entraña una posición reflexiva con respecto a sí misma y la realidad, y se aboca a la construcción de alternativas desde la praxis.
Por su parte se plantea con una sensibilidad distinta hacia la realidad y las personas como corporalidades concretas con respecto al álgido tacto de la asepsia intelectual que trata entre nebulosos razonamientos de esconder el correlato político de la neutralidad y sus relaciones con lo establecido, funcionando como proceso de reproducción y legitimación del (des)orden.
Además a la asepsia del positivismo y del neopositivismo subyacen un supuesto (entre otros) que epistemológicamente al menos resultan debatibles, el primero es asumir como automática la relación asintótica entre la “mirada a la distancia” y la influencia que se tiene en el objeto (o sujeto que se estudia) como si la distancia en si misma no fuera una forma de relacionarse e influir en el objeto.
Así mismo es necesario acotar tres propuestas epistemológicas y políticas implícitas a la obra de Martín-Baró, la primera es oponerse al dogmatismo inútil y su visión unipolar de las realidades; la segunda en consecuencia a la anterior apelar por un horizonte de mediación socio-analítica como punto de partida para el diálogo, la construcción e interpretación de las datos o corpus de información de las investigaciones, que por tanto demanda apertura en la lectura hermenéutica de la realidad aclarando el lugar de enunciación y reivindicando lo subjetivo.
Lo enunciado anteriormente está intrínsecamente relacionado si piensa en el bagaje teórico y científico de la ciencia social, pues son conocidas y ampliamente difundidas de las ciencias sociales pensadas desde el poder establecido, las cuales pueden llegar a subscribir la antes consignada asepsia positivista y las formas de naturalización de los fenómenos sociales, manteniendo categorías formalistas y esquemas atemporales.
Como alternativa a estas tendencias Ignacio Martín-Baró (2000) hace un llamado por reivindicar “las virtudes concientizadoras del conocimiento social” primero haciendo una lectura crítica de la ciencia, aplicando y contextualizando los conceptos de la ciencia social (construyendo saberes desde las realidades, enhebrando temas de la ciencia social), intentando transformar la lógica de dominación en esquemas de liberación en la cual la psicología y ciencia social trascienden el cientifismo y es posible verles también como praxis en la que se conjuga el rigor científico y el compromiso social, yendo como se ha dicho antes de una psicología social, a una psicología de la liberación que ineludiblemente es política .
Notas 1 Investigador de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Costa Rica. 2 Esta precisión viene incluida en el texto “Desarrollo a escala humana”.
Referencias bibliográficas.
Albarran, A. Helen, N. (2007). Aplicación de las Redes Semánticas Naturales, en la Búsqueda del Significado de la Pobreza, desde Distintas Visiones Socioeconómicas y de Género. Recuperado 22 de junio de 2007. http://www.liberaccion.org/Joomla/index.php?option=com_content&task=view&id=160&Itemid=28
Martín-Baró, I. (1996). Sistema, grupo y poder. Psicología social desde Centroamérica II. III edición. San Salvador. UCA Editores.
Martín-Baró, I. (1998). Psicología de la liberación. Madrid. Trotta.
Martín-Baró, I. (2000). Acción e ideología. Psicología social desde Centroamérica. X edición. San Salvador. UCA Editores.
Max-Neef, M. Elizalde A. Hoppenhayn M. (2005). Desarrollo a Escala Humana. Metafore Innovation Award 2006. Recuperado 19 de Septiembre de 2006. www.futuroforestal.com Disponible también en: http://dev.fecovi.org.uy/neticoop/IMG/pdf/DesEscalaHumana.pdf
Oyen, E. (2002). Producción de la pobreza- un enfoque diferente para comprender la pobreza. Recuperado 19 de Septiembre de 2006. http://www.fondazionegpiccini.org/america%20latina/pdf_zip/!PRODUCC.PDF#search=%22else%20oyen%2Buniversidad%20de%20bergen%22
Sen, A, (1992). Sobre conceptos y medidas de la pobreza. Recuperado 23 de Agosto de 2006. http://www.eumed.net/cursecon/economistas/textos/senmedida%20de%20la%20pobreza.htm
Sen. A. (2000). Desarrollo y libertad. Barcelona. España. Editorial Planeta. |