Con el agua hasta el cuello
Escrito por Graciela Loarche   
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Con el agua hasta el cuello
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Las personas y comunidades frente a una situación que irrumpe intempestivamente en sus vidas cotidianas reaccionan de diversos modos.  Estas reacciones dependerán de experiencias vividas con anterioridad, historias personales y colectivas, las redes sociales y capacidad organizativa de la comunidad y de las instituciones, y la situación de vulnerabilidad pre existente.

Es importante tener en cuenta que la inestabilidad de una comunidad no comienza luego de ocurrido un desastre.  La vulnerabilidad está vinculada con factores de largo trayecto que dificultan el desarrollo de la población. Para Anderson y Woodrow podremos encontrar diferentes vulnerabilidades según sus componentes. Podrá haber una vulnerabilidad física y material. Estarán más expuestas a las consecuencias de un desastre las personas en situación de pobreza o que viven en zonas de riesgo, con bajos niveles educativos, con dificultades en el acceso a la salud y a los recursos productivos.


Encontramos también la vulnerabilidad social y organizativa. Personas y comunidades que quedan por fuera de los sistemas económicos, políticos y sociales, estarán más desprotegidos. Serán más vulnerables las comunidades que no confían en sus instituciones, o que éstas sean ineficaces. Presentan mayor fortaleza las sociedades con historia de construcción de redes sociales y solidarias.


Otro aspecto de la vulnerabilidad será la que se relaciona con las actitudes y motivaciones.  Son más vulnerables las personas y comunidades sin proyectos a futuro, desesperanzados, con barreras religiosas y culturales que no permiten la participación y sin perspectiva de cambios.

El nuestro es un país con escasa ocurrencia de eventos con nivel de catástrofe. Motivo que intenta explicar la falta de conciencia de riesgo y de ausencia de políticas preventivas a nivel estatal y poblacional.
Durante las inundaciones de mayo del 2007 el país mostró la capacidad de dar una rápida respuesta a los requerimientos urgentes de los afectados directos. Pero encontramos una tendencia a nivel de autoridades que se reflejan en resistencias en poder pensar más allá de las necesidades inmediatas. A veces es complicado poder aceptar lo que queda en evidencia ante una catástrofe; los factores que hacen a una comunidad vulnerable a los efectos de la situación acaecida. Porque estos factores están muy ligados a las políticas de estado y gubernamentales que se adoptan. A saber, factores geográficos y climáticos, estructurales y urbanísticos, socio políticos y clima social. La evaluación de daños también reflejan la ausencia de la consideración de los efectos psicosociales. Encontramos informes sobre el estado de las viviendas, las vías de comunicación, agua y saneamiento, medio ambiente e impacto socioeconómico. Los aspectos relevados y las acciones desarrolladas en lo inmediato referentes a la salud se registran en informes sobre la nutrición y seguridad alimentaria, atención médica, vacunación y control de embarazo.

La ausencia de políticas organizacionales para dar adecuadas respuestas a nivel local a situaciones como las inundaciones de mayo conlleva muchas veces una superposición de esfuerzos desde diferentes ámbitos institucionales.  Es imprescindible aceptar que los afectados por una catástrofe no son sólo quienes sufren en forma directa el impacto del desastre. Encontramos varios niveles de afectación: quienes sufren el impacto directo, los familiares y amigos de los afectados en primer grado, las personas que integran los equipos de primera respuesta, la comunidad en general y quienes se enteran por los medios de comunicación. Entonces las reacciones que se producen a nivel personal y poblacional aparecen en todos estos niveles de afectación. Reacciones que debemos tomar como normales ante una situación que sí es anormal.

El caos, la confusión, desorientación son algunas de estas reacciones. Cuando un país o una localidad posee una planificación estratégica ante los desastres mitiga los impactos que se producen y está en mejores condiciones de poner en marcha estrategias de afrontamiento. De lo contrario es permeable al caos y confusión y traslada esta desorganización a la población afectada. A su vez se contribuye a que aparezcan informaciones contradictorias, rumores, desconfianza.

“Hay desorganización institucional, los referentes salen como tábanos a gastar energía.”
“Hay una especie de competencia de ver quien ayuda más.”
“Nos encontrábamos encuestando en la misma manzana, la gente nos decía que ya habían venido como siete veces a preguntarle lo mismo.”
“Nos tocó a nosotros pero nos daba vergüenza ir a pedir. Y si ibas algunos te decían que no nos tocaba nada porque no éramos de los más pobres y eso está mal. Estamos doloridos con eso.”
“El  Comité de Emergencia en el apuro de dar hizo que algunos tuvieran mucho y otros nada. Hay que ir a las casas y ver qué perdieron.”
 “Los médicos nos decían ‘tiren todo’. ¡Cómo vamos a tirar nuestras cosas! Se lavan y se recuperan.”
“Discrepamos con el Comité de Emergencia en la distribución de la ayuda. Propusimos parar un momento para pensar la mejor forma de distribución y definir algunos criterios.”